“Eriados Alborada”

 

Ya que el nombre “Eriados” está directamente ligado a la caída de este pueblo, extraído del libro “La fe de los mártires” del autor Lukas Gutiérrez Montoya, he aquí una pequeña sinopsis.

 

 

Ha tiempo este pueblo permaneció inmutable, oculto entre las montañas altísimas y bosques de pinos, sauces y robledales.

Hoy te busqué entre mis sueños, y me extravié en mis resquicios… y, por laberintos” 

Un viajero desterrado se topó con dicho pueblo, sin que él lo supiera, pues errante llegara y cargando consigo el peso de su estirpe.

Ya su llegada causó alegría entre los aldeanos, asimismo su venida trajo presagios que por siglos muchos temieron, pero por el gran respeto que el viajero inspiraba nunca quisieron expulsarlo.

Se decía que el destino de grandes hazañas en sus manos forjara, junto con dos espadas de hoja larga con las cuales cargaba, pues como viajero, también fue un guerrero, y luchando de entre los senderos provenía. Sin embargo, su tiempo en estas colinas junto a los hijos de fábula que añoró conocer por tanto tiempo, yacía sellado por eventos mucho más importantes que él, o que cualquiera de los lugareños.  

Que aunque cayó este pueblo y se sumió en la niebla perenne de la negación, pese a los esfuerzos de este viajero por mantener su sueño intacto, terminó también siendo desterrado, culpado, encausado por la desgracia que les trajera.

Partió, pues, por senderos olvidados, cabizbajo, odiado, desahuciado; Luchando contra su inefable tristeza y la inconmensurable esfera de silencio. Alegándole a monstruos infinitos de los que jamás se percató le cuidaron la espalda.

Caminó el viajero con su mente en un precipicio, corrió entre los bosques en busca del roble enigmático que engañaba a la humanidad por su innegable existencia: El más colosal, aquél del que la fe de un hombre podría pender por su mera magnificencia. “¡Yo te conozco, sé tu lenguaje!”, Le gritó el viajero, pero el roble respondió solo con su incuestionable presencia.

Y despertó, enceguecido por esta luz que fue tan irreal. Y enceguecido el viajero levantó sus sables contra la negación de la humanidad y derrumbó el colosal roble de una sola estocada. A continuación, se izó el silencio que tanto añoraba el mundo. Pues qué más sobriedad que derrumbar aquello que el mundo tanto temía… o respetaba.

Ahora podía volver a ocultarse en las ruinas de este pueblo. Y saber, que en las noches bañadas en plata desde las colinas sueñas.

 

 

Lukas Guti. 8/05/218.

 

 

 


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